Cuando pasamos la noche en alguna habitación que cuesta demasiado calentar, tocamos las paredes y parecen témpanos de hielo en invierno, sentimos el calor del desierto en las noches de agosto en nuestro dormitorio al dormir y el coste de la climatización de la vivienda se dispara, es hora que demos el paso hacia una mejora en el aislamiento térmico.
Desgraciadamente, por la poca información y conocimientos que se tiene de este tema, al pedir presupuesto nos llevamos la mano a la cabeza por el desorbitado precio o arrugamos las cejas al no entender los términos utilizados, materiales que no conocemos y soluciones que no sabemos si funcionarán.
Es aconsejable, por tanto, consultar a un experto de confianza y que nos indique que es lo que necesita y qué es lo que van a hacer en nuestro inmueble. Antes de decidir conviene saber qué van a hacer exactamente en nuestra vivienda. Ya sea aislar una fachada, rellenar una cámara de aire o intervenir en una cubierta, se debe entender cuáles son los trabajos a realizar y cuáles sus efectos sobre nuestra calidad de vida.
Se debe reconocer que no existe un material que resulte adecuado para cualquier edificio y que también influye en el aislamiento la orientación de la casa, su antigüedad, el tipo de cerramiento o la zona climática dónde nos encontramos.
Un buen aislamiento térmico en verano ayuda a frenar parte del calor que recibe la vivienda desde el exterior, especialmente en fachadas muy soleadas y en los pisos situados justo debajo de la cubierta. Si la casa tarda más en calentarse, también será más fácil mantener una temperatura agradable dentro.
En cualquier caso, para ejecutar una reforma de aislamiento con eficacia, conviene tener clara las respuestas a las siguientes preguntas:
Las pérdidas de energía pueden encontrarse en lugares muy diferentes. Quizá el problema principal esté en una fachada con poco aislamiento, pero también puede encontrarse en la cubierta, las ventanas, los cajones de las persianas o determinados encuentros entre elementos constructivos. Los llamados puentes térmicos, por ejemplo, aparecen en zonas concretas de la envolvente y pueden perjudicar el comportamiento térmico del conjunto.
Por eso interesa que alguien estudie primero la vivienda. No hace falta que el propietario termine manejando vocabulario técnico. Lo razonable es que pueda entender por dónde se está escapando el calor en invierno, por dónde está entrando en verano y qué actuación se propone para corregirlo.
Cuando llegan varios presupuestos es fácil acabar comparando únicamente el precio. Uno propone lana mineral, otro espuma de poliuretano y un tercero recomienda un sistema de aislamiento exterior. ¿Cuál elegir?
La respuesta depende de dónde se vaya a intervenir y de las condiciones del edificio. Conviene preguntar por la conductividad térmica del material, el espesor que se instalará y la forma en que se resolverán esquinas, pilares, ventanas y otros puntos delicados. El espesor importa, por lo que hablar simplemente de “poner aislamiento” dice muy poco sobre el resultado que puede obtenerse.
También hay que conocer el sistema de instalación. En algunas viviendas será posible actuar sobre una cámara de aire; en otras interesará estudiar un aislamiento exterior o un trasdosado interior. Cada alternativa tiene ventajas, limitaciones y una ejecución diferente.
Hay que comprobar qué materiales se utilizarán, cuántos metros cuadrados se van a tratar, qué espesor tendrá el aislamiento, cómo quedarán los remates y si el precio contempla la preparación previa de las superficies. También interesa saber quién se hará cargo de reparar posibles desperfectos relacionados con los trabajos.
Los plazos y las garantías deberían quedar igualmente claros. Y si la intervención afecta a una fachada comunitaria, habrá que conocer previamente las autorizaciones que correspondan.
La vivienda tiene que ser estudiada y la solución debe responder a lo que ocurre en ella. Preguntar dónde está el problema, por qué se recomienda una determinada actuación y qué incluye el presupuesto ayuda a evitar decisiones tomadas únicamente por precio.