ARQUITECTURA E INTERIORISMO

El estudio de arquitectura del valenciano Antonio Altarriba ha diseñado la casa Cuña, wedge, una vivienda que se ubica en un barrio residencial de Rocafort a pocos kilómetros de Valencia. La construcción cuenta con una superficie edificada de 225 m2.
Una pequeña parcela, casi cuadrada, encajada entre otras tres ya consolidadas, con su acceso al lado este y uno de sus lados medianeros dando al sur, sirven como punto de partida para disponer un volumen blanco con sus aristas en cuña, que se asienta desplazado sobre una base de piedra, resultando de la intersección de ambos una doble altura que conecta a ambos volúmenes.
Es esa base de piedra caliza de mampostería con junta en seco la que sirve para albergar la zona de día y la habitación principal que se sitúa en su apéndice. Todo el espacio exterior de piscina y terraza son tratados como un espacio único e incorporado al interior, entablando una total unión exterior-interior.

 

 

En el volumen de espacio de día, la concepción de las ventanas como planos de vidrio que se esconden dentro del panel de madera, aumentan el efecto de la relación interior con el exterior, consiguiendo que desaparezcan los límites entre ambos, ya que se utilizan sistemas de ventanas con marco oculto y empotrado al suelo y paredes, que provocan que cuando los ventanales están cerrados solo haya percepción de vidrio, y al abrirlos desaparezcan por completo, uniendo todo el espacio y ganando los metros exteriores en el interior. También la idea de la doble ventilación del salón, así como la pequeña ventana que rasga el volumen de piedra sobre el banco de cocina, ayuda a ganar más espacialidad.

En el punto de encuentro entre el volumen blanco y el volumen de piedra se encuentra el vacío que relaciona la parte superior con la inferior, y donde se producen las circulaciones verticales. Es en este punto se provocan relaciones en diagonal de los espacios superiores con la planta baja, permitiendo la entrada de la luz directa del sol en temporadas invernales hasta prácticamente el centro de la vivienda.
La escalera aparece como una escultura protegida de barrotes de madera, delimitando el espacio de circulación y distribuyendo el espacio diáfano del salón- comedor-cocina. Se trata con una materialidad muy ligera para que parezca que está flotando en el espacio, y no llegue a perderse la diafanidad de donde se ubica.

 

 

El acceso a la vivienda, por la parte norte, conduce al punto central, dejando solo percibir el volumen de piedra de una altura, para provocar una vez dentro el efecto sorpresa de la doble altura y la entrada de luz directa del cielo a través de un lucernario dispuesto en la cubierta y las aperturas de las ventanas del estudio superior.

La zona de día debía resultar completamente diáfana, y el volumen superior blanco que generaba el porche, volaba casi hasta los 3 metros para generar sombra. Gracias a la utilización de los cuerpos huecos estructurales se pudo poner en práctica estos fuertes conceptos de diseño del proyecto, que permiten luces entre pilares de más de 7 metros y el vuelo del porche de 3 metros, con un forjado de losa aligerada con los cuerpos estructurales Che de 30 cm.

 

 

El volumen blanco aloja las dos habitaciones restantes, un baño completo y un espacio común de estudio. Aquí las aperturas también se realizan con grandes ventanales que dotan de gran generosidad de luz, divididos en una parte fija y otra corredera, que permite la ventilación total del hueco en su posición abierta. La barandilla de vidrio es integrada dentro del sistema de carpintería por la parte interior, de forma que se convierte en invisible desde fuera, y pasa desapercibida desde dentro.

El acuñamiento de las aristas exteriores del volumen, se realiza tanto para darle un carácter formal más personalizado, como para provocar una mayor entrada de luz en los espacios superiores. El color blanco elegido, ayuda a captar aún más la luz.
El espacio diáfano superior es una sala de estudio. La familia quería trabajar y estudiar en un espacio compartido en ambas alturas. De esta forma no se producen aislamientos y siempre hay un contacto visual de arriba abajo o viceversa.

MATERIALES
El pavimento de toda la vivienda se realizó con un gres de gran formato en tono piedra gris, muy neutro, que da una gran uniformidad al interior. Para la carpintería de madera interior se ha optado por el acabado en laca blanca que contrasta con el panelado exterior o los peldaños y barrotes, que son de iroko natural.
La piscina se integra como parte del conjunto, disponiéndose como una lámina de agua arropada por toda la superficie exterior. La vivienda tanto en su concepción espacial como en su materialidad, acusa fuertemente el carácter mediterráneo de su ubicación. Con este proyecto se ha intentado exprimir al máximo los condicionantes previos del solar para generar unos espacios directamente ligados al exterior, ya que una de las características principales de su ubicación es poder realizar gran parte de la vida en el exterior durante prácticamente 9 meses al año.

 

 

EL ESTUDIO
Antonio Altarriba Comes es arquitecto por la Escuela Superior de Arquitectura de Valencia desde el año 1999. A lo largo de estos años ha participado en diferentes concursos en los que ha sido seleccionado y logrado numerosos galardones tanto a nivel nacional como internacional.
En su portfolio se pueden encontrar trabajos de contract como guarderías, oficinas, restaurantes o centros sociales; además, de viviendas residenciales y proyectos de rehabilitación. En todos ellos se puede ver el encontrar el sello propio del estudio.

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