SOBRE LA CRISIS DE LA CONSTRUCCIÓN, POR DIEGO ALBADALEJO

Leo en el diccionario la palabra “Fama”: hecho de ser reconocidas las cualidades de una persona o una cosa, o los actos de una persona, por mucha gente y de que se hable de ellos. 

Muy parecida a la palabra “reputación”: Opinión, idea o concepto que la gente tiene sobre una persona o una cosa.

La fama o reputación de nuestro sector (que queda resumido en el concepto “construcción”) quedó tocada de muerte en la gran crisis. En el 2007 teníamos un “motor económico” que funcionaba con la energía de los bancos y el sector inmobiliario… entre los dos crearon eso que llamamos “burbuja” y que llevó a todo el sector al traste. Cuando hablo de sector me refiero a todos los actores que conforman de forma transversal la posibilidad de construir: fabricantes, distribuidores, industriales, arquitectos y aparejadores, ingenieros… lo que muchas veces denominamos como la parte auxiliar del sector.

Esta parte auxiliar, que genera en sí misma un importante paquete económico y muchos puestos de trabajo al país se vio envuelta en el concepto “construcción”, que ha sido demonizado, insultado y menospreciado, incluso desde algún político con frases como “menos cemento y más talento”. “Crea fama y acuéstate a dormir” dice el refrán, refiriéndose a la dificultad de “reposicionar” una idea a nivel social.

Durante la etapa de alegría (finales de los noventa hasta 2007), a este sector auxiliar le fue muy bien, igual que al del bar de la esquina, o al gimnasio del barrio o la agencia de viajes. Si hay dinero hay alegría, para todos. Cuando el sector quedó devastado en pocos meses, el del bar seguía sirviendo menús, la agencia de viajes siguió agendando vuelos, los gimnasios llenos, pero los de la parte auxiliar del sector “construcción” pasaron verdaderos apuros, de los apuros gordos, de los que muchos fueron a la ruina.

Han pasado ya 14 años de aquello (parece mentira), y seguimos en la brecha. Ahora hablamos de industrialización del sector, de digitalización, pero la verdad es que, en muchos aspectos,  aún trabajamos como los romanos; duro trabajo físico, soportando condiciones climatológicas adversas y condiciones laborales a menudo poco favorables, todo ello con un riesgo de accidente superior al de otros sectores.

Seguimos siendo un motor importante de la economía (aprox 10% PIB), pero no hemos conseguido revertir la percepción social del sector, es posible que esa percepción quede  tocada para mucho tiempo.

De momento parece que, en general,  tenemos números al alza. Aprovechemos estos momento para profesionalizar en lo posible la parte más dura del sector, dignificar la imagen sectorial con acciones claras: formación específica que acredite a los industriales (algunos de ellos trabajan sin ningún tipo de certificación que acredite su capacidad), hagamos que la “obra” no sea un lugar que no nos guste visitar (¿nunca has visitado una fábrica limpia y pulida?), que sea un lugar donde se crean espacios, muchas veces  únicos y hermosos, demostremos que la tecnología no está peleada con nuestro sector y sobre todo, seamos transparentes, explicando lo que hacemos y cómo lo hacemos y también, tratemos a los clientes como se merecen.

 

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