Durante mucho tiempo, las casas prefabricadas arrastraron el estigma de ser una solución sencilla, con acabados básicos y un aislamiento inferior al de una vivienda construida de forma tradicional. Pero la evolución de los materiales y las exigencias actuales en eficiencia energética han dado la vuelta a la tortilla. Muchas viviendas industrializadas ofrecen hoy un aislamiento que no tiene nada que envidiar a las construcciones convencionales.
Buena parte de este cambio se explica por la entrada en vigor de sucesivas actualizaciones del Código Técnico de la Edificación (CTE), que han elevado los requisitos relacionados con el aislamiento, la demanda energética y el confort interior.
La construcción con estructura de madera lleva décadas consolidada en países como Suecia, Finlandia, Alemania o Canadá. En España, aunque su implantación ha sido más lenta, cada vez son más los particulares que optan por este sistema atraídos por la rapidez de ejecución, el confort térmico y la reducción del consumo energético.
La madera, además de ser un material renovable, posee una capacidad aislante superior a la de otros materiales estructurales como el acero o el hormigón. Como resultado, se reducen los puentes térmicos y la temperatura interior se mantiene más estable todo el año.
No basta con instalar un buen sistema de climatización si la envolvente del edificio permite que el calor entre durante el verano o se escape en invierno. Cuanto mejor resuelta esté esa parte de la construcción, menor será la energía necesaria para mantener una temperatura confortable.
Precisamente por eso, algunos fabricantes han apostado por soluciones constructivas muy por encima de los mínimos exigidos por la normativa. Es el caso de Rubik Home, que incorpora un sistema de aislamiento basado en aproximadamente 25 centímetros de lana de roca de primeras marcas, complementado con aislamiento exterior.
Rubik Home lleva muchos años expandiendo sus servicios por toda la geografía española y recientemente ha empezado a ofrecer sus servicios de casas prefabricadas en Galicia, un lugar en el que el aislamiento es aun más importante, si cabe.
Un aislamiento eficiente tiene más ventajas que el ahorro energético. Por un lado, contribuye a una temperatura interior más estable, elimina corrientes de aire y aísla del ruido exterior, sobre todo en viviendas ubicadas cerca de carreteras o en zonas urbanas.
Otro efecto positivo es la reducción de la condensación en paredes y techos, prolongando la vida útil de los materiales, además de mejorar la calidad del aire dentro de la ivienda.
Otra de las ventajas de este tipo de construcción es que buena parte del proceso se realiza en fábrica.
Al trabajar en un entorno controlado, los elementos estructurales pueden fabricarse con una precisión difícil de conseguir en una obra tradicional expuesta a la lluvia, los cambios de temperatura o los retrasos habituales derivados de las condiciones meteorológicas.
Ese mayor control también facilita verificar el correcto montaje de las capas aislantes y minimizar errores de ejecución que, a largo plazo, pueden afectar al rendimiento energético de la vivienda.